14/4/16

La contra-reforma educativa en España

by Carmen RODRÍGUEZ MARTÍNEZ

1. Diagnóstico de la situación en España

Nuestro país ha arrastrado déficits profundos en educación por el retraso democrático, cultural y educativo que supone la dictadura. En esta época, la educación nunca fue función del Estado quien cede su monopolio a la Iglesia, sin la suficiente provisión de plazas y con un profesorado deficientemente formado para el que servía la condición de patriota, afecto al régimen por consanguinidad con muerto o mutilado o ser cura. La expansión de la educación pública, laica y mixta, alcanzada en la Segunda República, se vio violentamente truncada, con un importante número de maestros y maestras fusilados, encarcelados o depurados, lo que apartó de la profesión a las y los docentes «colaboradores» del gobierno legítimo de la República (Jorganes, 2007). Esto y el modelo de producción económica, en una España rural, nos sitúan en la Transición (1975) con un analfabetismo que, en algunas zonas, como Andalucía y Castilla-la Mancha, ronda el 40% de la población. A pesar de estas circunstancias, hemos evolucionado y compensado situaciones con bastante rapidez. En estos cuarenta años, la extensión y la democratización de la educación han sido el propósito a alcanzar, no sin dificultades y con algunos errores.

Llegamos al año 2008 y la educación sufre un nuevo revés. La crisis originada por el capitalismo de casino justifica las políticas de recortes en educación y las políticas educativas que se plantean con la LOMCE, aunque se habían empezado a introducir con anterioridad. Forman parte de un mismo propósito, un mundo ordenado en función de los intereses y en beneficio de las élites políticas, financie- ras y empresariales. Europa se rompe, se irá desmembrado en dos, la Europa del Norte y la Europa del Sur. La del Norte dicta las normas desde el Consejo, la Comisión y el Banco Europeo, y la del Sur sufre el «austericidio», que hunde cada vez más sus economías y sus estados del bienestar, generando pobreza y desigual- dad. La Europa del Norte tiene el apoyo de las élites del Sur que necesitan seguir haciendo negocio.

España forma parte de esa Europa del Sur, junto con Grecia, Portugal e Italia, países que nunca han tenido modelos de protección social o de crecimiento eco- nómico comparables a los países nórdicos y centroeuropeos (Subirats y Gomá, 2000).

En este marco nos encontramos con una cultura escolar que ha nacido en nuestro país con graves retrasos, acostumbrada al control ideológico y a ejercer el dominio sobre la personalidad de los estudiantes, que empieza a «maridar» con el mercado. Pasa al control de un nuevo «régimen», un Estado que regula la educa- ción para que se apliquen las políticas neoliberales dictadas por la OCDE, el Banco Mundial y la Unión Europea. Su máximo exponente llega de la mano del Gobierno del Partido Popular y la Comisión Europea, aprobando la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), de 9 de diciembre de 2013. Todas estas políticas neoliberales, que se han aplicado incluso con anterioridad a la LOMCE, han significado la ruptura con la anhelada idea de igualdad y de nuestra esperanza en una vida mejor.

La LOMCE significa el colofón para este tipo de políticas, que harán retroceder a España más de cuarenta años, a la época de la dictadura en cuanto a control ideológico, sistema clasista y competitivo y control del profesorado. Con discursos demagógicos, que dicen querer conseguir un sistema educativo eficaz, adecuado a las demandas del trabajo, con menores tasas de abandono escolar y una formación profesional competitiva, aprueban una ley en contra de las organizaciones sociales, la ciudadanía y con la oposición de todos los demás partidos políticos.

Son reformas que pueden conseguir algo inusitado en comparación con otras reformas anteriores, que apenas han conseguido llegar a la epidermis del sistema educativo: introducirse en las prácticas docentes y en el control del trabajo del profesorado, a partir de mecanismos de evaluación externa basados en el rendimiento de alumnos y alumnas, convirtiendo, al mismo tiempo, a directores y directoras y personas de la administración en jefes y cuadros intermedios de la industria de resultados escolares (Merchán, 2013).

Caminan en una dirección contraria a la deseada por la mayoría de la comunidad educativa de nuestro país. Son políticas que desarticulan el estado de bien- estar y ofrecen los servicios sociales a la privatización y al negocio. Han recortado la educación pública en seis mil millones de euros y se han perdido más de sesenta mil puestos docentes. Mientras, el gasto dedicado a los conciertos con los centros privados se duplica del año 2000 a 2009, pasando de 2 823 a 5 891 millones de euros (MEC, 2014). No les interesa la educación, no la educación de toda la población. Por ello, arrasan con los comedores escolares, las escuelas infantiles públicas, el transporte escolar, reducen la becas, suben las tasas. En un país cuya inversión no ha alcanzado nunca la media de los países europeos, el 5,5% del PIB, se atreven a decir que la inversión no mejora la calidad educativa. Aumentan la privatización de la enseñanza y el elitismo expulsando al alumnado más vulnerable de la escuela. En un momento en que España ocupa el segundo lugar de Europa en pobreza infantil (Cáritas, 2014) y es el país donde más ha crecido la desigualdad de la OCDE (OCDE, 2014). Es el saqueo del derecho a la educación, el robo de los derechos y del futuro.

2. Políticas educativas neoliberales de la mano de Europa

Las políticas ligadas a la eficiencia entran de la mano de discursos neoliberales, introducidos desde los años ochenta, que se caracterizan por defender la bajada de impuestos, la privatización y los recortes en gastos civiles.

La esencia del orden del mercado reside no en el intercambio, sino en la competencia, definida ella misma como la relación de desigualdad entre diferentes unidades de producción o empresas (Laval y Dardet, 2010, 383).

La LOMCE significa un avance de estas políticas neoliberales sobre el estado del bienestar. No significa un retroceso en la presencia del Estado, sino la instauración de un orden marco en el que el Estado es el guardián del principio constituyente de la competitividad. Deja entrar en los servicios públicos a lobbies que han visto la oportunidad del gran negocio que pueden suponer y, entre ellos, está la educación. Proponen un nuevo modelo de gestión que copia modelos de empresas privadas y fortalecen la educación privada en detrimento de la calidad de la pública. La igualdad de tratamiento y universalización de los derechos, de servicios como la educación, son cuestionados por la concepción consumista del ser- vicio público y la individualización de las prestaciones. Son servicios que responden a la demanda de las familias y no a derechos que hasta ahora habían estado ligados a la condición de ciudadanía.

Es claramente un discurso ideológico contrario al New Deal de Franklin Roosevelt que surge justo después de la crisis de 1929, alentado por la filosofía del keynesianismo o el «Welfare State», que se implanta durante el siglo xx, con el avance de la socialdemocracia después de la II Guerra Mundial. Utilizan lo que Naomi Klein (2007) ha de- nominado el «capitalismo del desastre» que es el hecho de aprovechar la oportunidad de la crisis para atacar los servicios públicos.2 Esto es lo que trata de realizar el ministro de educación, José Ignacio Wert, «el capitalismo del desastre», aprovecharse de la crisis para incluir políticas de liberalización de la educación. Así, lo expresa en la conferencia que da en FAES3 en 2010, en la que utiliza la frase de Rahm Emmanuel: «No podemos dejar escapar una crisis tan buena», aunque con un sentido propio. Aprovecha la crisis para criticar lo que él denomina «estado asistencialista».

El discurso que defienden estas políticas se sustenta en que los programas sociales son un despilfarro innecesario para ayudar a personas que se vuelven acomodaticias y perezosas. Cualquier ayuda, desde las ayudas a desempleados, las becas o el gasto farmacéutico, va acompañada de la suposición de fraudes por parte de los beneficiarios. De hecho, han aprobado decretos para impedir el fraude laboral mientras aprueban una amnistía fiscal. Se demonizan las políticas de intervención porque son una intrusión en la esfera privada y un obstáculo para obtener rentabilidad a corto plazo, y se refuerza la desregulación de los sectores financieros, de los medios de comunicación, etc., hasta llegar al último negocio que es la privatización de los servicios públicos, infraestructuras, sanidad o educación. Es una ruptura de la ciudadanía social, del welfarismo del siglo pasado que se apoya en la ciudadanía política del siglo xix, lo que Colin Grouch (2004) llama posdemocracia. Ahora, los derechos sociales básicos tendrán una contraprestación, un coste directo o un comportamiento esperado: becas a cambio de esfuerzo, ayudas a desempleados por trabajos precarios, políticas de copago en educación, sanidad, etc. Todo ello reforzando las desigualdades en la distribución de las prestaciones y con consecuencias en la exclusión social de la población más vulnerable.

Brown lo llama una des-democratización (cit. en Laval y Dardot, 2010) porque no es solo un nuevo régimen político sino una nueva lógica de funcionamiento que se impone a sujetos y a instituciones y borra las diferencias entre unos parti- dos políticos y otros.

A España llega a partir de una estrategia más global lanzada por la Unión Europea a partir del año 2000 y va a significar un cambio educativo hacia un modelo liberal basado en los rendimientos.

2.1. Estrategia neoliberal desde Europa

La mundialización de las políticas educativas neoliberales viene implantándose desde los años noventa, a través de organismos internacionales como la OCDE, el Banco Mundial y la Unión Europea. A partir de la denominada Estrategia de Lisboa (2000), llegan los discursos europeos sobre la convergencia de las políticas educativas que plantean este nuevo modelo para el control de la educación, preocupados por políticas medibles, con buenos resultados y eficaces, significan- do un enorme refuerzo a los derroteros que ya estaba tomando la educación. Se propugna el cambio del modelo educativo hacia modelos de gestión del mundo empresarial en donde la educación se vuelve más selectiva. La educación pública será vinculada al crecimiento económico y a la competitividad porque hay que modelarla para que sea un instrumento para la producción de «capital humano».

Desde entonces se pone en marcha este proceso dirigido por la Comisión Europea entre los países de la Comunidad que consiste en: establecer objetivos cuantificables, establecer indicadores para calcular el progreso, realizar evaluaciones comparativas con otros países, crear «benchmarks» puntos de referencia, e intercambiar buenas prácticas (Hatcher, 2008). Bajo la teoría del capital humano, la educación es el factor principal para aumentar la economía de un país, aunque conseguir trabajo es responsabilidad de cada persona, que debe esforzarse por crearlo o estar preparado adecuadamente para conseguirlo.

Los defensores de estas ideas creen que los países que dispongan de un capital humano mejor formado verán crecer sus tasas de productividad, explicación que se reitera en varios documentos de la UE, el Banco Mundial y la OCDE, recogida en España por la LOMCE. Sin embargo, una mayor formación o disponer de un mayor «capital huma- no» no generarán más empleo a un país, como nos demuestra Hirtt (2013), aunque las personas mejor formadas tengan más posibilidad de conseguirlo. El empleo va a depender del tejido industrial desarrollado, las apuestas por la innovación y la ciencia y las inversiones de capital, que deben regularse por leyes internacionales para que no supongan el enriquecimiento sin límites de un pequeño porcentaje de la población, mientras el trabajo se degrada para hacernos más competitivos. De hecho, nuestros jóvenes más preparados están emigrando, con investigaciones punteras y con carreras flamantes recién terminadas.

La escuela debe preparar a las nuevas generaciones para hacerlas partícipes de este modelo, tienen que aprender con esfuerzo para conseguir un trabajo que les proporcione dinero para poder consumir como un objetivo finalista. Para ello, se fortalece la competitividad y una mentalidad práctica, basada en la diferenciación medios-fines que, además de llenarnos de insatisfacción, nos convertirá en sujetos devoradores del resto, muy bien encarnado en la figura del «broker».

La primera víctima de estas políticas es la escuela pública, pero «... la principal víctima es el joven que sale de esa escuela. Se habrá hecho de él un trabajador adaptable, no desarrollando su comprensión del cambio, sino quebrando su capacidad de resistencia al cambio; no a través de una emancipación cultural, sino por medio de una privación de cultura» (Hirtt, 2013, 52). Y la gran víctima será toda la sociedad domesticada por las leyes del mercado y sometida a la plutocracia de las nuevas élites.

2.2. Los modelos neoliberales de la LOMCE

Los modelos neoliberales refuerzan una política credencialista selectiva que va a impedir que los peores alumnos y alumnas y con menos capacidad económica accedan al bachillerato y a la universidad. Todo el sistema educativo se vuelve un gran mercado, donde entran las empresas a hacer negocio y se alimenta la competencia entre centros, para llevarse al mejor alumnado, en lugar de buscar la mezcla, la diversidad y la pluralidad que nos beneficia a todos y todas.

Ello no significa que no sea necesario cuestionar el modelo educativo anterior. El proyecto escolarizador de la escuela de masas y sus características de pensamiento único y modelo reproductivo requiere «resistencias», siguiendo el concepto acuñado por Giroux (2013), así como requiere resistencias la deriva mercantilista y privatizadora de estas nuevas políticas educativas en España. Las políticas neo- liberales no empiezan con la LOMCE, la Ley Orgánica de Educación de 2006 (LOE), del Gobierno socialista; aunque mantiene el espíritu comprensivo de la ley anterior (LOGSE), incorpora de manera clara el discurso de la eficacia, la calidad, las competencias y la evaluación del sistema (Gurpegui y Mainer, 2013). Abren las puertas a las políticas neoliberales en el sistema educativo siguiendo indicadores y objetivos europeos. La LOMCE intensificará estos procesos y añadirá selección, itinerarios, competitividad y algo de conservadurismo con respecto al currículum de la «gloriosa España colonizadora», a la religión y a la segregación por sexos.

En este sentido, la LOMCE clasifica al alumnado desde edades muy tempranas. Selecciona según su rendimiento y establece itinerarios para dirigirles hacia el puesto de trabajo que van a ocupar, a la vez que devalúa la formación profesional como una educación de segunda categoría. La Formación Profesional Básica (FPB) segrega a los estudiantes de forma irreversible; es una formación que no titula por sí misma y aparta del sistema, expulsa al alumnado con fracaso escolar.

También, separa el tronco común a los quince años (incluso algunas asignatu- ras lo anticipan a los catorce), proponiendo dos vías de distinta categoría, una académica y otra aplicada que conducirán hacia estudios de Bachillerato y de FP, rompiendo el principio de educación en igualdad en la enseñanza obligatoria.

La LOMCE logra la alianza con los sectores más conservadores y religiosos como resquicio de nuestro pasado y de una democracia imperfecta que mantiene el elitismo y la influencia de la religión en el estado. Hemos vuelto años atrás, con las políticas en contra de las libertades y de los derechos civiles, reforma laboral, políticas de inmigración, aborto, ley de dependencia, ley de mordaza y copago en la justicia, sanidad, educación... Muchas de ellas convienen al capital porque crean una sociedad inmovilizada y con miedo, insolidaria y egoísta. Significa el auge nuevamente de la religión, de la doctrina y la creencia, por encima de la ciencia y el pensamiento. El empuje a la escuela privada y elitista que privilegia a los padres con posibilidad de elección y con mejores niveles culturales. La segregación por género y por talentos que no fortalece la pluralidad y la diversidad en los colegios, sino el elitismo y la diferenciación que imponen las nuevas políticas.

El efecto mediático de los datos hará que las políticas educativas se definan a partir de las evaluaciones externas nacionales o internacionales y los ranquin, y controlen las prácticas escolares para conseguir los objetivos estandarizados fija- dos por los gobiernos. Esto permite a los gestores de la política mundial actuar sobre las prácticas docentes que hasta ahora eran muy difíciles de controlar a través de las reformas.

La cultura del miedo, generada por la crisis, consigue una extraña alianza entre «conservadores», que quieren restaurar el orden social e implantar la sociedad de «los privilegios» que nos ordena y crea un brazo fuerte de seguridad, y los «neogerencialistas» que solo creen, como Santo Tomás, en aquello que se puede medir. Para Brown (cit. en Laval y Dardot, 2010) el neoliberalismo puede imponerse a la vez que otras doctrinas ideológicas. En EE. UU., maridan las políticas neoliberales con el conservadurismo porque hay una moralización del individuo trabajador, padre de familia, ahorrador que acompaña el desmantelamiento de los sistemas de jubilación, educación pública y salud.

Aunque la  reforma  no plantee  directamente  políticas para  el  profesorado, para su formación y para la carrera docente, su principal objetivo es el control a través de los modos de gestión flexibles, pero que exigen que cumpla los objetivos de eficacia y rendimiento requeridos a los sistemas educativos.

Pretenden convertir al profesorado de todos los niveles educativos en el instrumento fundamental de un sistema neo-gerencialista, preocupado por la medida, el resultado y la comparación, donde los centros compiten y se publicitan. La nueva organización de la escuela, junto al modelo capitalista y el miedo a la crisis, consigue que actúen de forma mecánica para responder a objetivos externos y sin capacidad de actuación autónoma. El papel de los docentes pasa de actores a culpables. Sin capacidad de decidir, más allá de la gestión de la clase, pero con toda la responsabilidad sobre los resultados de su alumnado.

Cuando el rendimiento es el único criterio, dejan de ser importantes la libertad de expresión, la crítica, el respeto a los procedimientos democráticos, el lenguaje...


3. Nuevos modelos de gestión de la autonomía

Las recomendaciones internacionales y las investigaciones a nivel mundial nos hablan de la necesaria autonomía pedagógica de que deben disponer los centros refiriéndose a estos modelos de gestión técnica. La agenda global para la educación de la OCDE promueve, desde el año 1995, en su estudio «Gobernanza en transición: reformas en la gestión pública de los países de la OCDE», este modelo de gestión descentralizado dentro del sector público y orientado hacia los rendimientos. Se justifica en una mayor eficacia, para lo que crea entornos competitivos entre los centros y refuerza las capacidades estratégicas desde el centro y «el enfoque clientelar» (OCDE, 1995, 8).6 En 2007, la Comisión Europea elaboró un libro blanco sobre cuestiones de gobernanza con el objetivo de mejorar la gestión pública en esta dirección.

En estos modelos de autonomía de gestión, las comunidades escolares pierden el poder de participación porque la gestión no sirve al objetivo de una mayor democratización o implicación de una comunidad, sino al objetivo de eficacia. Para ello, necesitan un liderazgo fuerte y un proyecto en el que se implique el centro educativo pero de arriba abajo (top down).

Estos modelos de gestión pública son la piedra angular de la nueva Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa.

3.1. De la autonomía como autogestión a la autonomía cautiva

La autonomía es un concepto controvertido cuando se legisla sobre ella, por- que no se impone, es la persona constituida por su libertad y ética personal quien la ejerce, con o frente a lo constituyente (la ley, la norma). Antígona, hija de Edipo, ejerce su autonomía cuando se enfrenta a su tío, quien ha prohibido enterrar a su hermano, negándole con ello la vida eterna, por luchar contra él por la ciudad de Tebas. Ella lo entierra aunque esta decisión le cuesta la vida. En este caso, no se consigue subsumir al individuo y su amor filial al Estado (De Francisco, 2012).

La autonomía en educación, desde la Escuela Nueva o los movimientos libertarios, ha significado innovación educativa y libertad para tomar decisiones sobre el gobierno de la escuela. La persona autónoma, como Antígona, puede tener conflictos morales entre lo instituido y su propia norma moral. Y son los profeso- res y profesoras, con auténtica autonomía pedagógica, la clave para que se produzca el cambio educativo; las políticas educativas solo pueden poner grilletes al ejercicio de la autonomía proletarizando la profesión docente.

Pero no es esta la autonomía promulgada por la LOMCE. El concepto de autonomía ha sido transformado, en esta reforma educativa, en todo lo contrario: autonomía operativa, de gestión, instituyente; sujeta a una racionalidad tecnocrática. Una autonomía ficticia que, por un lado, descentraliza, abre la diferenciación entre centros, a la vez que controla, con pruebas, currículum estandarizado y un enfoque clientelar, la gestión de los resultados.

Existe, pues, una tensión entre la identificación de la autonomía, como parte de las políticas neoliberales y como parte de un proyecto democratizador, en una lucha por la apropiación de sentidos que se proponen fortalecer o debilitar la noción de lo público (Mónica Pini, 2009).

3.2. La nueva gestión pública

Este modelo de «autonomía cautiva» deriva de un nuevo sistema de gestión pública (New public management) que se impone a partir de los años noventa en América Latina impulsada por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial (Navas, 2010). Un modelo de gestión inspirado en la organización de las empresas privadas, cuyas principales características son un enfoque basado en los productos, la medición de los resultados y dar respuesta a las necesidades de los clientes. Se basa en un modelo de Estado que trata de proteger las libertades individuales y asegurar el desarrollo de la iniciativa privada. Estos modelos de gestión eficaz, como se está demostrando, significan la contratación de empresas guiadas por el afán de lucro que reducen las condiciones laborales de sus trabaja- dores y la calidad de los servicios, y que, finalmente, conducen al deterioro los servicios públicos (Ferlie et al., 1996).

El concepto de gubernamentalidad desarrollado por Foucault remite tanto a las políticas o mentalidades que usa un Estado, para gobernar, como a los dispositivos tecnológicos que emplea para que estas políticas se hagan eficaces (Feldfeber, 1996). La racionalidad de las políticas neoliberales cuestionarían en educación la centralidad de un sistema educativo burocrático y la ineficacia de la gestión de las políticas, a través de sus normativas y regulaciones administrativas. Para ello, ponen en marcha dispositivos tecnológicos, como es la evaluación o la nueva cultura de una gestión eficiente, que cambian la raíz de la escuela pública como derecho público controlado por el Estado por un servicio para satisfacer las necesidades de las familias, un derecho privado. El Estado sigue siendo fuerte, a través de estos dispositivos que hacen que el poder se distribuya y no se ejerza de una manera directa impositiva, aunque con control, como bien plantea en sus escritos Foucault (1988).

Para la Nueva Gestión Pública (NGP), la esencia del orden no es el mercado, entendido como un intercambio libre de mercancías, como plantean Laval y Dardot (2010), sino un cuasi-mercado cuyo principio constituyente es la competitividad que anula los derechos del ciudadano, o los cambian por prestaciones con contrapartidas.

La gobernanza en la gestión de instituciones como la educativa intensifica su perspectiva como un asunto técnico en detrimento de las cuestiones sociales y políticas que deberían guiar a la educación. Esto también afecta a la idea de la educación como un derecho universal cuyos beneficios deben ser iguales para to- das las personas. Hay una concepción consumista de la misma que individualiza las prestaciones y la selección de los beneficiarios rompiendo el principio de igualdad.

Los dispositivos hacen que se instale en la educación un régimen de eficacia que convierte al gobierno, promotor y ejecutor de una política, en mera administración. La «verdad» expresada por los «comités de sabios», revestida de cientificidad no discutible, se impone a la política, al mismo tiempo que las ideologías son denostadas. En educación, las nuevas formas de gobernanza hacen que determinadas organizaciones adquieran una inusitada importancia, como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) para los países ricos y el Banco Mundial, Unesco y los programas de ayudas de las naciones desarrolladas para las naciones del Sur global (Rizvi y Lingard, 2013). Algunos autores y autoras utilizan el concepto de regulación para dar cuenta de las transformaciones en las formas de actuar del Estado en la conducción de las políticas públicas (Feldfeber, 2009).

Dentro de los dispositivos que menciona Foucault, PISA es una poderosa herramienta de control. Construye no solo un conocimiento disciplinar equivalente para países de la OCDE, que cuentan con sistemas educativos y características culturales específicas, sino que se introduce en las prácticas escolares que deben construir ese conocimiento práctico. Interviene en lo que alumnos y alumnas deberían conocer, cómo ese conocimiento se hace posible y el estudio de las prácticas escolares que lo hacen posible. Elabora toda una serie de narrativas sobre el conocimiento útil, el modelo de persona racional e individual que tiene como objetivo aprender a lo largo de toda la vida y, en definitiva, modelos de conducta que enfatizan las políticas neoliberales y los patrones culturales de las nuevas economías (Popkewitz, 2013).

El problema de la educación pasa de ser un problema social, cultural y político a un problema de gestión que se puede solucionar según estos modelos: midiendo la eficacia escolar en base a los resultados, convirtiendo las escuelas con bajos resultados en otras más eficaces y responsabilizando a los docentes de esta tarea. Los recursos pasan a un segundo plano, una mayor inversión no mejora la calidad educativa y los datos comparativos del rendimiento de los alumnos pasan a primer lugar (Mons, 2009).

3.3. La autonomía en la LOMCE

La autonomía que propone la LOMCE, tal como se plantea, individualiza a los centros y los pone a competir en lugar de apoyarse mutuamente. Es una autonomía de gestión, no de gobierno y de decisión por el control férreo de los rendimientos escolares. En el artículo 120, define la autonomía de recursos económicos, materiales y humanos, ligada a los planes de trabajo de cada centro y vinculada a un control férreo de los resultados. Las Administraciones deberán hacer pública esta rendición de cuentas que servirá para propiciar ránquines educativos entre los centros.

El aumento de la autonomía de los centros es una recomendación reitera- da de la OCDE para mejorar los resultados de los mismos, necesariamente unida a la exigencia de una mayor transparencia en la rendición de cuentas (apartado vii del preámbulo).

La LOMCE añade a esta definición de autonomía, la especialización curricular de los institutos de enseñanza secundaria en función de su proyecto educativo (art. 121), seleccionado de entre los que propone la normativa, que son: especialización curricular, en excelencia, en formación docente, en la mejora del rendimiento, en atención del alumnado con necesidades educativas de apoyo... Difícilmente, serán iguales y comparables un centro de excelencia y un centro con necesidad específica de apoyo educativo, un centro de especialización curricular científica y tecnológica y un centro de especialización artística, o de formación docente con otro de mejora del rendimiento. Cuando, al final, todos deben mostrar el rendimiento del alumnado en los mismos parámetros y hacerlo público. Y los recursos que reciban los centros dependerán de estos proyectos y de la rendición de cuentas (art. 122).

Atribuyen, para ello, a los directores y directoras autonomía para su ejecución. Refuerzan las capacidades estratégicas, desde el centro, con una dirección gerencialista; un director o directora elegido mayoritariamente por la Administración, que no comparte las decisiones con la comunidad educativa, y hasta tendrá la potestad de contratar directamente (art. 122 bis). Esto quiere decir capacidad para establecer requisitos y méritos específicos para el profesorado, incorporación de profesorado que no venga de listas centralizadas y libertad para realizar el nombramiento del mismo.

La competencia fomentada por la diferenciación entre centros, unida al con- trol de los resultados, provocan un empobrecimiento moral del profesorado al tener que decidir entre los intereses de la institución y los del alumnado. Esta diferenciación entre los centros está acrecentada por la posibilidad de elección de centro por parte de las familias.

La elección de las familias supone un enfoque clientelar y una oferta que iguala en condiciones la privada a la pública (art. 2 bis). La LOMCE establece la programación de la red de centros de acuerdo con la demanda social y suprime la obligación de las Administraciones educativas de garantizar plazas públicas suficientes, especialmente en las zonas de nueva población (art. 109). También pro- pone la cesión de suelo público para la iniciativa privada (art. 116.8). Para ello, permite la posibilidad de libertad de creación y elección de centro, añadiendo la posibilidad de que los centros que tengan reconocida la especialización curricular por las administraciones educativas o que tengan proyectos educativos podrán reservar hasta un veinte por ciento de la puntuación de admisión al criterio del rendimiento académico (art. 84.2).

La diferenciación a través de los proyectos de centro, junto a las pruebas y al ranquin, a que se someterán los centros para ser de calidad, contribuirá a la competencia entre los centros para quedarse con los mejores alumnos, conseguir con ello mejores resultados y recibir una mayor financiación. Los centros «gueto» aumentarán en fracaso escolar, mientras el sistema educativo aumenta en desigualdades y falta de cohesión social. La escuela como derecho de las familias convierte la educación en un producto de consumo que se verá reforzada por el modelo de gestión técnica introducido en los centros.

Ya no se trata de luchar por una mejora de toda la educación, de procurar más recursos donde más se necesiten, de dar más apoyos a aquellos centros con más dificultades, sino que se fomenta la autonomía como forma de competencia des- igual entre centros educativos. Los centros ofrecen prestaciones educativas para favorecer a los clientes, mientras los docentes están sometidos a currículos estandarizados y evaluaciones externas que les hurtan el control sobre la educación.

Esta manera de concebir la autonomía y la descentralización supone el traspaso de responsabilidades y funciones, desde la Administración estatal a la regional y de esta a la esfera municipal y a cada centro en particular. Una vez establecida la autonomía, los resultados ya no son responsabilidad del sistema, ni de la Administración, sino del propio centro, o sea, de los docentes que trabajan en él. Se cercena la autonomía del profesorado y su estatus profesional, porque pierde las posibilidades de innovación y el control sobre el proceso educativo, mientras se le responsabiliza de la calidad de la educación, a la vez que se exime al Estado de sus responsabilidades.

Es una autonomía de gestión técnica porque sustituye el gobierno directo por la gestión descentralizada eficaz para poder exigir rentabilidad a corto plazo. El aliento de las políticas de competencia, entre servicios que están dirigidos a toda la población, origina desigualdades porque las evaluaciones externas no mejoran ni obtienen los resultados esperados y porque las políticas se tienen que basar en la compensación y no en la competencia. En ofrecer mayores recursos y apoyos a quienes más lo necesitan y no a quienes obtienen mejores resultados.

La especialización competitiva de los centros ligada a los resultados académicos ha sido experimentada y evaluada en Inglaterra. La diferenciación de centros no aumenta los rendimientos escolares y, sobre todo, crea desigualdad y falta de cohesión social al generar centros de diferente categoría (Hatcher, 2008).

Son nuevos modos de regulación del Estado más flexibles en la definición de los procesos y más rígidos en la evaluación de la eficiencia y eficacia de los resultados (Feldfeber, 2009). Aunque en la mayoría de los casos no suponen una disminución del control burocrático a través de normas y reglamentos. Como veremos, ocurre todo lo contrario, la mayoría de los países tienden a la construcción de un currículum nacional estandarizado.

En síntesis, los modelos neoliberales construyen «Estados débiles», en la garantía de los derechos de educación para toda la ciudadanía, y «Estados fuertes», en modelos pos burocráticos descentralizados y de diversificación de la oferta escolar que conducen a la desigualdad. La tensión existente en las diferentes acepciones del concepto de autonomía dependerán de si sus objetivos sirven a la participación democrática y a la autogestión de las escuelas en relación con su comunidad o a procesos eficaces de competitividad para el modelo capitalista. Si son modelos de abajo arriba o de arriba a abajo, si creen que los centros deben ser compensa- dos con apoyos humanos y materiales cuando así lo requieran, o si tratan de conseguir «más por menos», mejor educación con menor inversión.



Publicado en: Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 81 (28.3) (2014), 15-29 (ISSN 0213-8646)

12/4/16

El canvi metodològic a l Ensenyament

by Pep Barceló

Els canvis metodològics

El camí que se segueix per a arribar a la fi que es pretén amb l’ensenyament pateix al llarg dels temps modificacions que fan passar d’una forma a una altra la pràctica docent i el propi acte educatiu.

Els canvis metodològics es produeixen per adequar la pràctica educativa a la societat, al seu moment social i evolutiu o, també, quan determinats pensaments aconsegueixen incidir en l’opinió general per imposició o per persuasió.

Actualment estem vivint una forta pressió en la direcció d’un canvi metodològic que només prioritza resultats quantificables, el desenvolupament de determinats valors des d’una òptica parcial de l’economia, l’individualisme, l’aprenentatge memorístic i la competència. Un canvi metodològic que ha activat la desigualtat en l’accés a un ensenyament de qualitat i, per tant, consolida la desigualtat social per l’origen de les persones per manca d’oportunitats.

Quin interès hi ha per aquest canvi metodològic?. Des dels estaments del govern de l’Estat (central o autonòmics) s’està imposant aquesta direcció esmentada perquè el poder polític està segrestat per aquells que tenen un pensament, social, i de realització del projecte vital de les persones, dominat per una visió particular i interessada de la relació humana i de l’economia[1]. Aquest segrest de les institucions, i el gir metodològic, òbviament, beneficia a les classes benestants i els poders econòmics. La seva pressió perquè es realitzi aquest canvi metodològic té la intenció de modificar el pensament social sobre el treball, l’economia, etc., per conduir a les persones cap a les conductes i creences que els hi sigui més favorable per als seus interessos.


Educar per rànquings o educar integralment

La situació actual sembla dirimir-se entre educar per rànquings o educar integralment. La primera opció prioritza la productivitat acadèmica d’infants i adolescents per sobre del seu desenvolupament integral com a persones. Val a dir que la productivitat i erudició acadèmica eren valuoses antany i amb elles es cercava que l’escola separés l’alumnat; uns orientats a la cultura culta (superior) i altres orientats a la cultura manual (inferior), amb una divisió del coneixement per disciplines aïllades entre si.

Educar per rànquings

Diu  Xavier Martínez-Celorrio[2] que els rànquings d’escola acaben per reclassificar l’alumnat en un sistema educatiu que queda sense cohesió en forma de piràmide fragmentada, oferint escoles independents i segregades per cada estrat social. Com exemple posa el Regne Unit sota l’efecte de la política educativa de Margaret Tatcher”, és a dir una generació britànica educada en el sistema de rànquings, que és molt més individualista, possessiva i menys col·lectivista que cap altra generació britànica moderna; més que una opció de mercat és una opció cultural-ideològica rebutjada, fins i tot,  pels neoliberals no anglosaxons. També ens recorda que fa un temps va sintetitzar i documentar els efectes negatius i perversos dels rànquings d’escoles entre els països anglosaxons:

a)     En lloc de multiplicar la diversitat de projectes de centres on poder escollir, es reforça un model únic d’escola molt acadèmica, subjecta a la pressió pels resultats.
b)    S’imposa el teach to the test que implica reforçar la didàctica més tradicional i l’obsessió per la disciplina d’un alumnat sotmès a comprovacions continuades dels seus estàndards.
c)     Fa desaparèixer la innovació pedagògica, la cooperació entre mestres i escoles i la participació de les famílies, empobrint i aïllant al professorat en una rutina competitiva.
d)    Dilueix la llibertat real d’elecció entre els pares que es transmuta en llibertat de selecció de l’alumnat per part de les escoles amb alta demanda (incomplint la promesa de la lliure elecció per a tothom).
e)     Les escoles amb exclusió selectiva d’alumnat sempre surten millor en els rànquings, no pas per la qualitat del seu projecte, sinó per ser selectives. S’amplia la segregació i la discriminació per origen social, ètnic o per discapacitats, excloent de forma esglaonada als alumnes que no poden garantir alts resultats pels centres o que els farien minvar.
f)     Es dualitza el sistema educatiu entre una xarxa de màxims (escoles que funcionen i se’ls atorga plena autonomia) i una xarxa de mínims (escoles fallides sotmeses a controls de millora que en cas de no funcionar implica l’acomiadament del professorat).

En qualsevol cas queda palès que els rànquings provoquen treballar per a l’examen/nota.

Les realitats legislatives tenen una forta incidència en l’orientació de l’ensenyament i a l’Estat Espanyol tenim la LOMCE. La LOMCE fa una rebaixa/empobriment del currículum (assignatures no troncals..) i a la vegada obra la porta a la diferenciació/especialització dels centres. La LOMCE pretén que l’ensenyament es converteixi en una carrera de proves i revàlides al final de cada etapa perquè s’aposta per un model basat en la pressió de l’examen, que segregarà seleccionarà i classificarà a l’alumnat per mitjà de itineraris, que no condueixen a reduir l’abandonament i el fracàs escolar, sinó a eliminar progressivament la igualtat d’oportunitats i la formació comuna durant l’etapa obligatòria. Així doncs, LOMCE és l’antítesi de l’educació integral i l’exemple d’un sistema educatiu que segrega, en aquest sentit val la pena llegir l’article únic 60, 61, 73, 74, 75, 76, 77, 78, 81, 88, 90 d’aquesta llei per observar com es promou els rànquings segons resultats i l’especialització dels centres.

Com paral·lelament es desposseeix de recursos l’ensenyament públic amb les retallades queden el que anomenen les competències bàsiques per a les escoles que acullen els sectors socials més desafavorits econòmicament. Amb la pèrdua de qualitat l’ensenyament públic es pot convertir en “Low cost”, reduint el nombre d’assignatures i centrant l’ensenyament en uns continguts mínims per a la futura mà d’obra barata. L’augment de la desigualtat i la segregació es produirà amb les proves externes i revàlides, germen de les futures classificacions, rànquings i finançaments.

L’estrat social benestant podrà triar aquells centres que més avantatges aportin per als seus fills i filles en el futur mercat laboral, la resta no.

Educar integralment

L'educació integral, correspon a la formació de l'ésser humà en tots els aspectes, assenyalant l'ésser humà com un ésser biosicosocial. fomentant el desenvolupament intel·lectual, físic, artístic, psicològic, social, emocional, ètic, cívic etc.; és a dir, aquella que s'encarrega de comprendre i estimular totes les vessants que formin un millor ser humà. Aquesta educació es dóna en l'àmbit formal (escola-institucions) no formal (activitats fora del currículum) i en l'àmbit informal (la vida quotidiana).

En definitiva una educació integral cerca que tota persona pugui trobar la seva identitat, i el significat i sentit de la seva vida, a través de nexes amb la comunitat, el món natural, i els valors humans. Es tracta d'una educació completa i integradora, que busca despertar estima per la vida, i, respecte pels afers individuals i comuns.

Tota societat humana és el conjunt i suma dels seus components i per tant de les seves actituds, creences i comportaments, en definitiva, el que caracteritzà a la societat serà allò que caracteritza les persones que la formen. Aquesta és fonamentalment la raó per la qual és necessari educar íntegrament les persones si volem una societat cohesionada, responsable i justa en la qual es respecta les individualitats dels seus membres.

Actualment es donen a l’ensenyament metodologies i iniciatives en línia amb educar integralment. Valen com exemple “l’aprenentatge per projectes”, i les seves variacions, on professorat i alumnat se senten part més d’un projecte intel·lectual i conceptual que no pas d’un àrea disciplinar determinada o “l’educació emocional” centrada en l'àmbit de conèixer i reconèixer els sentiments i emocions, propis i dels altres, i fer-les servir de manera adaptativa; en definitiva pretén aprendre a identificar i expressar emocions i sentiments, treballant la forma d'interaccionar amb el món de manera que es descobreixi  i desenvolupi certes habilitats com la proactivitat, el coratge, l'assertivitat, el saber dir "no", l'autoconsciència, la motivació, l'entusiasme, la perseverança, l'empatia, l'agilitat mental o qualsevol altra que a la persona li resulti necessària pel seu creixement personal i per a una adaptació social bona i creativa. També cal incloure tot aquell aspecte de la programació en què es treballa els valors, complementant i completant l’aprenentatge perquè aquest no es limiti a l’adquisició de coneixements i destreses.


La desviació metodològica actual i les estratègies per a la seva implementació

La desviació

La concepció tecnocràtica de l'educació que s’intenta imposar, especialment amb  la LOMCE, reforça el pensament i la globalització neoliberal, actuant com una eficaç eina per mantenir el sistema econòmic vigent, basat en l'individualisme i la competitivitat. Aquesta concepció pretén una desviació que modifiqui perspectives (p.e. emprenedoria) sobre assumptes de la vida personal (p.e. l’economia, el consum, els valors socials...) mitjançant modificar capacitats (centrar-se en la vista: Gestalt....) i/o perdre habilitats perceptives que provoqui un empobriment comprensiu/expressiu; en certa manera produir una mena de degeneració del gènere humà.

Com s’ha esmentat anteriorment la seva pressió sobre el canvi metodològic té la intenció de modificar el pensament social sobre el treball, l’economia, etc., per conduir a les persones cap a les conductes i creences que els hi sigui més favorable per als seus interessos. En definitiva un model de conducta humana basat en l’individualisme. L’individualisme és el sosteniment de tota la seva estratègia, malgrat puguin parlar en certs moments del “treball en equip” del “lideratge compartit” i d’altres aparences d’acció col·lectiva, totes elles acaben en el protagonisme d’un director, d’un empresari, d’un emprenedor... encara que es presenti com un èxit conjunt. Aquest individualisme suposa, en gran mesura, soledat, egoisme, marginació, i, ser més poruc, influenciable, feble, cruel i manipulable. Evidentment no estan a favor d’una metodologia i d’un aprenentatge que es promogui valors i qualitats com la pertinença, la empatia, la solidaritat, la cooperació.

Les estratègies

Educació no presencial (a distància amb TIC). Per educació no presencial a distància amb TIC cal entendre, de forma genèrica,  tots aquells artefactes, i sistemes, (ordinadors, xarxes de transmissió de dades, plataformes per a l’educació virtual, Internet, xats, fòrums, bases de dades d'informació i nou coneixement, correu-e, tec.) i metodologies (conduir l'aula com un camp obert de coneixements, docent amb funcions de lideratge en plantejar idees, teories i mètodes col·laboratius virtuals, etc.) que permeten la gestió i la transmissió de la informació, sense la necessitat per part de l'usuari final de traslladar-se a un punt geogràfic específic. Les experiències realitzades només demostren que els que l’imparteixen estalvien inversió i costos d’explotació (més guanys). Malgrat sembla que la no presencial s’ha centrat més en els adults per valorar-la caldrà veure els continguts dels currículum (el que s’ensenya). Alumnes i professors es troben separats físicament i només es relacionen de manera presencial ocasionalment la qual cosa li dóna als continguts treballats la màxima importància en l’educació que es transmet.

L'educació virtual. En l'educació virtual no existeix ni tan sols una relació presencial ocasional i se la considera més barata que l'ensenyament presencial. Calen menys instructors, menys aules de classe, i menys personal administratiu per atendre un major nombre d'alumnes. Aquesta reducció en els costos està estimulant l'oferta de cursos virtuals en un nombre creixent d'institucions. A mesura que l'ensenyament virtual vagi penetrant, especialment en l'educació superior i tècnica, els centres es veuran obligats a introduir reformes que els permetin sobreviure en un mercat global, com ara: disminuir la seva planta de docents, reduir la seva infraestructura física, disminuir els costos de la investigació i cobrar molts serveis de suport, eliminar l'estabilitat dels docents, i avaluar el seu acompliment amb criteris econòmics. Aquesta nova realitat pot allunyar l'educació superior dels seus ideals de democràcia, formació i investigació.

L’empobriment del currículum educatiu. Una de les conseqüències negatives serà la imposició del que anomenen “competències bàsiques”. Les competències bàsiques signifiquen prioritzar del currículum educatiu els ensenyaments basats, fonamentalment, en el domini de les matemàtiques, les ciències  i de certes habilitats lingüístiques que donin una preparació per al mercat laboral. Aquest empobriment del que és l’ensenyament implica un accés restringit al conjunt del coneixement que tota persona ha de tenir. Amb aquesta perspectiva, i aquesta intencionalitat, el parany s’ordeix en la pròpia avaluació/examen perquè allò que s’avalua és allò sobre el que és vol incidir, la resta queda en via morta, és secundari (el desenvolupament humà, la promoció de valors com la Pau, la Llibertat i la Justícia Social, la responsabilitat individual i col·lectiva o aspectes socials com l’eliminació de la segregació, la consecució d’una ciutadania crítica, reflexiva i participativa, etc.). Queda evidenciat que no interessa el procés educatiu com a instrument per a la cohesió social o per a la construcció de la identitat nacional, ni el respecte als aspectes socials, morals, emocionals, ni de creixement humà personal de l’alumnat, i, l’educació queda convertida només en instrucció per a les competències professionals en el futur.

L’empobriment perceptiu i cognitiu. Comença ha haver un gran nombre de docents que observen moltes dificultats per retenir l'atenció dels seus alumnes com a conseqüència de la cultura "massa visual” que s’està imposant a la nostra societat (pissarres digitals, tauletes, ordinadors, tota mena d’enginys d’informació, formació o relació) en la qual els infants, joves i adults ineludiblement necessiten veure les coses a la pantalla per poder assimilar-les[3]. Però tot això no són elucubracions. El catedràtic de Psicobiologia Ignacio Morgado explica en una entrevista[4] que el que fem ara determinarà l'evolució del cervell a llarg termini i quan se li va preguntar si la tecnologia, que tant influeix en el nostre dia a dia, ens està atrofiant el cervell? va dir: no és que l’atrofiï, el recondueix. El que fem condicionarà molt com serà el cervell del futur, quina capacitat tindrà, quines hauran millorat, quines disminuït, quines capacitats noves hauran sorgit. Anteriorment al desenvolupament tecnològic industrial no influïa tant en el nostre propi desenvolupament cerebral. Ara, segons com desenvolupem la intel·ligència, la tecnologia, el coneixement, cada vegada podem posar més mitjans que condicionin per on evolucionarà el cervell en el futur. Si desenvolupem molt la visió en els ordinadors la visió serà un sentit en evolució permanent. Si certs tipus de memòria no els desenvolupem tant perquè ho tenim tot al mòbil o ordinador perdrem certa capacitat de memòria que teníem...


El model del futur i el que cal mantenir

Sense pretendre la existència d’un model exclusiu i tancat si es pot  exposar elements importants d’una metodologia per a l’ensenyament en la nostra societat i en el segle XXI.

Un ensenyament de qualitat i per a tothom. Com diu Anna Duch, responsable d’ Educació per a una ciutadania global d’Oxfam Intermón[5] vivim en un sistema global que històrica i estructuralment afavoreix la perpetuació de les injustícies i les desigualtats, que es manifesten en la pobresa i l'exclusió social de grans sectors de la societat per això de totes les polítiques socials, l'educativa és la més poderosa per lluitar contra aquesta situació. L'educació és una eina essencial per garantir la igualtat d'oportunitats i per oferir un espai privilegiat per a la formació de ciutadans i ciutadanes crítiques i participatives, que busquin donar respostes ètiques als desafiaments del món actual. Per a això, no només és imprescindible l'accés universal a una educació de qualitat, sinó també la garantia de l'accés a una educació que generi consciència de ciutadania global, de pertinença a un sol món en el qual totes les persones trobin un lloc digne al que gaudir dels seus drets. L'educació és, per tant, una responsabilitat universal i un dret humà, individual i col·lectiu. Una educació de qualitat és la que genera competències a través de la pràctica i no de repetir enunciats[6].

L’educació en base a projectes. El patrimoni cultural, artístic, històric i científic que marca el currículum oficial es pot adquirir per múltiples vies, canals i estratègies. Aprendre’l i descobrir-ho en base a projectes connecta millor amb l’alumnat actual. Cada projecte implica tasques desafiants que permeten cooperar, competir, equivocar-se, prendre decisions, descobrir, madurar i aprofundir. Permet adquirir les competències-clau i duradores del famós aprendre a aprendre que el model taylorista és incapaç de fer universal i real. L’educació per projectes permet resultats equitatius, millora el clima i la motivació dels alumnes i crea una nova forma d’excel·lència no pas basada en l’erudició sinó en l’assertivitat.

Educar la intel·ligència emocional. La realitat avui és que l'educació no pot limitar-se als coneixements. Cal unir també l'emoció. Pels docents es sabut que els que tenen millors notes no són els que més èxit tenen després en la seva vida. De fet, en un món amb una tecnologia en creixent sofisticació, les habilitats emocionals i socials que requerirem seran cada vegada més l'empatia, l'atenció, la tolerància, la responsabilitat, la creativitat i la imaginació. Ajuda als alumnes a conèixer-se i confiar en si mateixos, a comprendre els seus companys, a reconèixer i expressar emocions i idees, a desenvolupar l'autocontrol, a aprendre a prendre decisions responsables, o valorar i cuidar la seva salut a la llarga.

Comunitat d’aprenentatge. Les Comunitats d’Aprenentatge són escoles inclusives que pretenen la transformació social i educativa a través de les interaccions i la participació de totes les persones que formen la comunitat educativa. Per aconseguir-ho,  porten  a la pràctica el que s’anomena l’aprenentatge dialògic, un concepte que parteix de la idea que les persones aprenem a partir de les interaccions amb els altres. És per això que en les comunitats d’aprenentatge es compta amb totes aquelles persones que a través de la seva interacció poden donar significat i construir coneixement a tots els nois i noies: mestres, però també famílies, persones voluntàries, institucions i associacions del barri on es troba l’escola... Totes elles poden fer aportacions que beneficiïn i enriqueixin l’aprenentatge i s’entén que la responsabilitat sobre aquest aprenentatge, és compartida.

Educació emancipadora. Un ensenyament de qualitat no necessita grans desemborsaments per dotar a tots els centres d'un equipament avantguardista abans necessita una regeneració integral del sistema educatiu que millori l'aprenentatge no només a l'hora de l’adquisició de conceptes, que per descomptat cal seguir aprenent, sinó també augmentant el pes dels valors cívics, humans i ètics més bàsics i fonamentals. Només així es crearan persones completes, més felices i tan pròximes a la bondat social com es pugui.


Nota:  A les referències s’indica lectures que amplien el que es diu en aquest escrit, aquesta és la intenció.







[1] Eliminació dels controls sobre els preus; desregulació dels mercats de capital; obertura de fronteres per a mercaderies, capitals i fluxos financers; flexibilització laboral i reducció de la influència de l'estat en l'economia, especialment mitjançant la privatització i una fiscalitat discriminada en favor de les grans rendes.
[2]   El dilema d’avui: educar per rànquings o aprendre per projectes
[4] La tecnologia està canviant el nostre cervell: tindrem menys memòria i més visió
[6]  (Els nous objectius mundials de l’educació fixen la mirada en la qualitat i l’equitat

Acoso y derribo de la Educación Pública

by Rosa Cañadell

INTRODUCCIÓN

Estamos asistiendo, perplejos y aterrorizados, a un acoso y derribo de la educación pública. Recortes presupuestarios, incremento del número de alumnos por aula, aumento de las horas lectivas para el profesorado, congelación de oposiciones, sustituciones que no llegarán hasta pasados diez días, contratos precarios con una disminución de horario y sueldo para las personas substitutas, desmantelamiento de programas para atender a la diversidad, disminución de becas, aumentos estratosféricos en las matrículas universitarias, miles de docentes echados del sistema y abocados al paro... restricciones financieras para el funcionamiento cotidiano de los centros, paralización de nuevas construcciones, disminuciones sucesivas de los salarios ... son algunas de las estrategias seguidas por nuestros gobiernos, central y autonómicos, para desmantelar definitivamente esta educación pública que tanto costó construir después de 40 años de dictadura y abandono educativo por parte del estado.

La excusa para todo ello es la famosa crisis y la presunta falta de dinero público, lo que impide al Estado cumplir con su obligación para con sus ciudadanos más vulnerables: el alumnado, los niños y niñas, adolescentes y jóvenes en etapa de formación. Pero, como ya han señalado innumerables voces, esta imposibilidad del estado para hacer frente al mandato constitucional de proveer de una educación pública a  todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas, no es real. El dinero existe y el problema es como se recauda y como se utiliza. Así pues, como se viene denunciando, de lo que se trata es de como se afronta esta crisis y como se sale de ella, lo cual es una opción política y no un imponderable caído del cielo. Las medidas que se vienen aplicando, desde el inicio de esta crisis, no sirven para salir de ella, pero sí son ideales para desmantelar todos los servicios públicos, extorsionar a los trabajadores y a las clases menos favorecidas y aumentar la tasa de ganancia del capital.

Pero, además, esta estrategia neoliberal, no trata sólo de disminuir el dinero público destinado a los servicios, sanidad, educación, servicios sociales, etc. sino que responde, también, a otros objetivos que forman parte igualmente de la doctrina neoliberal, para los cuales, la crisis sirve de excusa y no de causa.

En este sentido los laboratorios de ideas financiados por entramados financieros, empresariales e instituciones políticas contemplan los servicios públicos como un obstáculo para sus intereses. Cualquier instrumento susceptible de compensar desigualdades, que sea gratuito, universal y no discriminatorio, con garantías laborales y que resulte, a la vez, fuente de ocupación pública es acusado, contra toda evidencia, de  poco productivo, oneroso, escasamente dinámico y obsoleto. A lo largo de las últimas décadas, los diversos lobbies empresariales no han cesado de atacarlo y difundir propaganda negativa frente a la pretendida “eficiencia, eficacia y productividad” del sector privado. Esta creencia, vehiculada a menudo mediante medios de comunicación controlados por el empresariado o las fundaciones privadas y escuelas de negocios, ha influido a menudo en la opinión pública y ha preparado el terreno a las administraciones públicas para  atacar, debilitar y, finalmente, propiciar el desmantelamiento del sector público.
En cuento a la educación, el objetivo no es sólo una disminución pasajera del presupuesto, sino implementar un gran cambio de paradigma que se viene fraguando desde hace tiempo y para el que la crisis funciona como una excusa ideal. Detrás de todos los recortes, propuestas y contrapropuestas, se esconde un debate mucho más profundo, mucho más ideológico y de mucha más trascendencia para el futuro de la educación en general y para el futuro de nuestra sociedad. Pero este debate no acostumbra  a ser visible como tal, no es explícito y, por lo tanto, a pesar de su importancia, no puede ser realizado de forma abierta, sino a través de cuestiones mucho más puntuales, como la crisis o el déficit público, que, de hecho, están encubriendo el debate principal.

CAMBIO DE PARADIGMA

La globalización neoliberal se caracteriza por una expansión territorial y sectorial del capitalismo, y en este sentido hace años que llegó ya al sector educativo, tratando de imponer  un gran cambio del sentido y los objetivos que durante muchos años ha tenido la educación: se trata de abandonar la idea de “educación como servicio público, como un derecho básico de toda la ciudadanía, con el objetivo de proporcionar a todos los niños y jóvenes una formación integral”, y pasar a planificar una “educación al servicio de la economía, entendida ya no como un derecho universal, sino como una inversión personal”. Este nuevo concepto de educación tiene dos vertientes: abrir el mercado educativo, que supone miles de millones de euros, para que las empresas privadas puedan realizar negocios en este mercado, y por otra parte se trata de ofrecer una formación al servicio de las empresas, adecuándola a las necesidades del mercado de trabajo.

EDUCACIÓN PÚBLICA, GRATUITA, LAICA Y DE CUALIDAD

Partíamos del viejo paradigma que considera que la educación es un derecho universal y un bien público, al que todos los ciudadanos y ciudadanas tienen el derecho a acceder y la Administración tiene el deber de garantizar, en condiciones de calidad y de igualdad. Este modelo es el que considera que la educación es un factor de desarrollo personal, de emancipación social y una de las herramientas para hacer posible una sociedad cohesionada, inclusiva y justa. Este modelo se enmarca en todas las tradiciones en defensa de una escuela pública, gratuita, laica y de cualidad, que ofrece una verdadera igualdad de oportunidades y que trata de formar personas con capacidad para vivir y participar en una sociedad democrática. Este modelo considera que la educación es un servicio público que debe ser financiado por el Estado y llegar al máximo número posible de población, a fin de que todas las personas puedan satisfacer su derecho a la cultura y a la educación. Este modelo centra su preocupación en buscar los contenidos, valores y metodologías que mejor puedan ayudar a una educación global y puedan compensar el desigual capital cultural y social con el que el alumnado llega a la escuela.

Con la recién estrenada democracia, se construyó una educación pública con la participación activa del profesorado, y con el estímulo y el apoyo de los poderes públicos. Una escuela pública que tuvo como reto la igualdad de oportunidades, la democratización de los centros y las buenas prácticas profesionales. Un modelo que dio sus frutos y, por primera vez en mucho tiempo, las clases populares accedieron a la universidad.

Hasta ahora el principal obstáculo que había tenido que afrontar la escuela pública era —y continúa siendo— la falta de los recursos necesarios para su buen funcionamiento. Y de esta situación ha resultado beneficiada la red de escuelas concertadas. Pero al menos se había respetado el carácter propio de la enseñanza pública, esto es, su gratuidad, su aconfesionalidad y pluralismo ideológico, así como su apertura a todos los estamentos sociales, lo que ciertamente la hacía acreedora de su título de servicio público, tanto por transmitir una cultura compartible por toda la ciudadanía, como por ser el instrumento más adecuado para compensar las desigualdades de origen, contribuyendo de este modo a aumentar la cohesión social.

LA EDUCACIÓN NEOLIBERAL

Desde finales de los años 90 la política educativa a nivel internacional se ha redefinido en virtud de las necesidades del capitalismo en su versión neoliberal. En muchos países, incluyendo el nuestro, la política educativa oficial se ha modificado con el objetivo de responder a la sociedad de mercado; los valores de la empresa han empezado a suplantar a los antiguos ideales humanistas y una versión   pragmática de la educación, ha cobrado vigor a lo largo y ancho del mundo mundial y en la mayoría de las instituciones de diferentes niveles y modalidades educativas.

Una característica de esta nueva etapa es la creciente intervención de los organismos internacionales en el ámbito educativo: desde la OMC se preconiza la abertura del mercado educativo y la liberalización de este servicio, el Banco Mundial  “recomienda” la privatización y la gestión empresarial de los centros educativos, la competitividad entre las escuelas, la imposición de unas “competencias básicas” que intentan orientar los contenidos de la educación a nivel mundial adecuándolos a las necesidades de los puestos de trabajo, una disminución del gasto público destinado a la educación y un aumento del financiamiento individual (la educación, como toda inversión, ha de pagarse), y una gestión de los sistemas educativos capaz de rentabilizar los gastos y que aumente la eficiencia.

Desde la OCDE se propagan también políticas educativas al servicio de la economía, siendo una de las principales aportaciones los famosos indicadores PISA, que intentan evaluar a todos los jóvenes de todos los países del mundo con las mismas pruebas, elaborando después una lista sobre la “calidad educativa” de cada país. De hecho, el ranking de los resultados de los informes PISA acaban decidiendo qué es calidad, y de manera indirecta, acaban orientando los currículos, pues todos los países desean adelantar puestos en el ranking y, por tanto, acaban imponiendo unos conocimientos coincidentes con aquellos que PISA evaluará.

Finalmente, las orientaciones de la UNESCO, única institución formada por ministerios de Educación, que desde los años 70 ha promovido una educación entendida como una herramienta de emancipación, han perdido toda su fuerza y la institución ya no posee ningún poder.

Este modelo neoliberal parte de la base que la educación es un bien individual y su valor es básicamente económico y, por lo tanto, debe estar sujeto a las leyes del mercado como cualquier otra mercancía. La educación, así entendida, pasa a estar al servicio de la economía en su doble vertiente: por un lado, debe ser “adaptada” a las necesidades de las empresas y del mundo laboral y, por otro, debe ser “rentable”, o sea gestionada con criterios empresariales y ser susceptible de negocio privado. Este modelo educativo no considera ya que es el estado el que garantiza el derecho a la cultura y a la formación, sino que son los individuos los que deben “invertir” en educación, con lo que los “educandos” o sus familias, se convierten en los nuevos “usuarios”, con derecho a elegir y a exigir resultados satisfactorios que rentabilicen su “inversión”. Y los educadores, a su vez, pasan a ser meros trabajadores al servicio de las demandas del mercado, que se limitan a implementar currículums y metodologías que los “expertos” decidieron y que los nuevos gestores de los centros educativos llevan a la práctica de forma “eficaz”: más resultados con menos recursos.

Los esfuerzos para implementar este cambio de paradigma han sido muchos a lo largo y ancho del planeta, con mayor o menor éxito y con mayores o menores resistencias. Si bien se han alzado voces denunciando los males que implican la aplicación de este modelo (Nico Hirtt, Christian Laval, Gómez Llorente, Richart Hatcher, Rosa Cañadell... por citar algunas), en general no es un debate en el cual se haya profundizado mucho y menos en nuestro país, a pesar que la mayoría de nuevas leyes educativas hayan ido en este camino: La LOE, como ley marco ya impuso las nuevas pautas y las autonomías han hecho el resto. De hecho, las fórmulas son iguales para todos los territorios: “consolidación y ampliación de los centros privados-concertados”, “autonomía de centros”, “direcciones profesionalizadas”, “organización jerárquica en los centros públicos”, “evaluación externa”, “incentivos por resultados”, “precarización y desregulación laboral del profesorado”, “privatización y externalización de los servicios educativos”, todas ellas, medidas que tienen como objetivo poner la educación bajo las leyes del mercado, mercantilizándola, con la finalidad de favorecer a las empresas privadas.

Ahora la crisis es la ocasión perfecta para rematar el cambio de paradigma. Tal y como dice Naomi Klein en un fragmento de su libro La doctrina del shock: “Durante más de tres décadas, Friedman y sus poderosos seguidores habían perfeccionado precisamente la misma estrategia: esperar a que se produjera una crisis de primer orden (económica o catástrofe) o estado de shock, y luego vender al mejor postor los pedazos de la red estatal a los agentes privados mientras los ciudadanos aun se recuperaban del trauma, para rápidamente lograr que las reformas fueran permanentes”.

En este sentido los recortes que están llevando a cabo los diferentes gobiernos central y autonómicos apuntan en esta dirección y van más allá de ser medidas coyunturales, puesto que tienen un objetivo estructural: preparar los servicios públicos para hacerlos rentables al beneficio privado. Hoy la política de los diferentes gobiernos tiene tres ejes determinados: continuar entregando servicios públicos a la gestión privada, establecer e incrementar tasas a la ciudadanía para recibir determinados servicios y abaratar costes laborales y reducir sus recursos para hacerlos más permeables en un futuro a la gestión privada.

Bajo este racionamiento neoliberal, el sistema educativo se vincula lineal y mecánicamente con el aparato productivo, subordinando el primero a los intereses del segundo. Se considera a la educación una como producción de capital humano, como una inversión personal y colectiva que debe, por lo tanto, ser rentable en términos económicos

Es necesario para el modelo neoliberal eliminar el derecho a la educación para hacerla comercializable, fuente de lucro y de dominación. Al reducir la educación a una simple mercancía se la convierte en objeto de consumo al cual tendrán acceso solamente quienes dispongan de los recursos suficientes para comprarla en los términos en los cuales se ofrezca en el mercado. La educación queda, de esta manera, despojada de cualquier sentido formativo, sustituido grotescamente por un sentido lucrativo. Se imparte la educación según un modelo tecnocrático: se trata de entrenar mano de obra hábil pero acrítica para lo cual se jerarquiza lo tecnológico en detrimento de lo humanístico, ético y social.

La definición neoliberal de la educación como mercancía, y con ello su negación como derecho humano, es el principio fundamental que orienta el diseño de las políticas educativas de nuestros gobiernos.

PRIVATIZACIÓN

La creciente privatización es uno de los elementos básicos del nuevo modelo educativo y ello se concreta en la consolidación y ampliación de la doble red, con un aumento de los centros privados concertados, con un aumento de los niveles educativos que reciben subvención pública en centros privados y con un aumento de las cantidades dedicadas a la concertación. Todo ello sin una normativa clara ni medidas eficientes para que los centros privados que reciben financiación pública cumplan con sus obligaciones de gratuidad, de no selección del alumnado, de no segregar al alumnado por su sexo, de subsidiariedad con la pública y de laicidad. En realidad, los centros concertados continúan aumentando, continúan cobrando cuotas a los padres y madres, continúan seleccionando al alumnado y tienen mayoritariamente un ideario religioso. El resultado es una mayor cantidad de dinero público gestionado por patronales privadas, una mayor fractura social (de clase social y de origen cultural) del alumnado entre centros públicos y privados concertados y un control ideológico por parte de los centros religiosos de una gran cantidad de nuestros niños/as y jóvenes.

Por otro lado, se aumenta la privatización y la externalización de todos los servicios educativos: comedores, transporte, limpieza, evaluación, formación, etc., así como algunos tramos educativos que pasan, también, a ser gestionados por empresas privadas: educación de 0-3, educación de personas adultas, Formación Profesional, educación on-line, etc.

Esta privatización de la educación tiene consecuencias varias que afectan a diferentes ámbitos: la transferencia de dinero público hacia beneficios privados; la valoración de centros con más o menos prestigio (que no implica una mayor cualidad) con una selección del alumnado por clase social, puesto que sólo tienen posibilidad de acceder a ellos las familias que pueden pagar la cuota; y el control ideológico y político, a partir de la libertad total para definir un “ideario propio” que tienen los centros privados. Este ideario, mayoritariamente es religioso, puesto que la mayoría de centros privados concertados pertenecen a instituciones religiosas, implica poder hacer la transmisión de su ideología, incluso contradiciendo la propia ley, tal y como ha pasado con la negativa de impartir la asignatura de “Educación para la ciudadanía”, por parte de algunos centros religiosos.



AUTONOMÍA DE CENTROS

La autonomía en los centros escolares no es ninguna novedad, sino una vieja práctica del profesorado que, más allá de las directrices oficiales, ha buscado siempre nuevas estrategias docentes para adaptarse a las necesidades del alumnado, siempre diverso y distinto. Tampoco es nuevo el Proyecto de Centro que ahora se vincula con la nueva autonomía. La LOGSE, en el 1985, ya introdujo la obligación de todos los centros de elaborar un Proyecto educativo y un Proyecto curricular. En definitiva, la autonomía hace tiempo que se practica en los centros educativos y los proyectos hace años que se inventaron.

¿Por qué ahora se resucita todo ello? ¿Cuál es la novedad? La novedad es que bajo el anuncio de la autonomía se esconde lo que realmente se pretende implementar: la jerarquización de las relaciones dentro del centro, la potenciación de la figura del director/a como jefe de personal, la consecución de más recursos vinculados a “mejores proyectos y mejores resultados”, la evaluación de todo y de todos y una carrera docente del profesorado (léase condiciones de trabajo) vinculada a los resultados del alumnado. Nada de ello resuelve los problemas que se viven en los centros escolares. Lo que el profesorado lleva tiempo reivindicando es que la Administración le proporcione los recursos necesarios para poder llevar a la práctica lo que colectivamente han decidido: profesorado suficiente para atender las nuevas necesidades (inmigración, conductas disruptivas, integración, retrasos escolares, etc.), menos alumnos por aula en los centros con alumnos que tienen muchas dificultades, más profesionales para atender a nuevos problemas sociales, psicológicos o culturares, tiempo suficiente para coordinarse y reflexionar conjuntamente, formación adecuada para afrontar los nuevos retos, etc.

Lo que proponen nuestras administraciones educativas bajo el nombre de autonomía es muy distinto de lo que los centros necesitan e implica una nueva concepción de la educación pública, con consecuencias muy negativas. La primera es el desmantelamiento del “sistema público” entendido como un todo, al pasar a considerar a cada uno de los centros educativos como una entidad independiente, para adjudicarles distintos recursos y profesorado en función del resultado escolar del alumnado, lo cual implica la creación de centros públicos de distinta categoría: aquellos que tengan la suerte de tener un alumnado con pocas dificultades, tendrán mejores resultados y, por lo tanto, más recursos, con lo que serán más atractivos para las familias más motivadas, y así se concentrarán en unos centros el alumnado con más posibilidades y los mejores recursos. Un proceso que aumentará la fragmentación social entre los centros públicos que se sumará a la ya existente entre públicos y privados concertados, imposibilitando, cada vez más, la igualdad de oportunidades que todo servicio público tiene la obligación de ofrecer.

Por último, se pone en peligro la educación global, entendida como un conjunto de saberes, normas y valores: si lo que va a condicionar el salario del profesorado y el prestigio del centro son los resultados del alumnado a partir de las evaluaciones externas, toda la acción educativa acabará centrándose en preparar al alumnado para dichas pruebas. Se corre el riesgo, también, de que disminuya el interés por trabajar con el alumnado que tiene más dificultades, ya sean sociales, psicológicas o de aprendizaje, puesto que este tipo de alumnos requiere mucho esfuerzo, lo que pude implicar el progresivo abandono del sector más vulnerable del alumnado.

GESTIÓN AUTORITARIA

Para poder implementar esta nueva autonomía se propone una gestión autoritaria en los centros públicos. Se pretende reforzar la autoridad y las funciones de las direcciones para que puedan tomar decisiones en la gestión de los centros al margen del profesorado, de las asociaciones de padres y madres, y de los Consejos escolares. Es evidente que una gestión en la que las direcciones desempeñarán funciones propias de la patronal, supondrá avanzar hacia un modelo de gestión autoritaria que eliminará la participación y la capacidad de decisión de la comunidad educativa en la gestión de los centros y dificultará un trabajo en equipo que es, precisamente, la mejor garantía del buen funcionamiento de un centro educativo. Caminar hacia ese sistema exigirá unos cambios en la estructura actual de los centros públicos, que acabarán definitivamente con su gestión democrática, atomizando, además, su capacidad de resistencia.

La segunda consecuencia es el fin de la democracia en la organización de los centros públicos, que quedará en manos de la dirección, al limitar la participación del profesorado en todas las decisiones, tanto pedagógicas como organizativas, así como la de los padres y madres. Teniendo en cuenta que la educación es una tarea colectiva, en la que la participación y el trabajo en equipo son imprescindibles, otorgar excesivo poder en manos de una sola persona, no garantiza mejorar la docencia en el aula y puede crear muchos problemas: arbitrariedad, sumisión, imposición, etc. Todo ello conlleva limitar la pluralidad pedagógica e ideológica del profesorado, que es una de las riquezas de nuestros centros públicos, ya que para educar por y para la democracia hace falta poder ejercerla por parte de toda la comunidad educativa. Por otro lado, pretender mejorar los resultados escolares del alumnado a base de organizaciones jerárquicas o de incentivos individuales es un grave error y un esfuerzo inútil.

ELECCIÓN DE CENTRO

La “libertad” en la educación, reconocida en nuestra legislación, no implica automáticamente el “derecho” a la elección de centro educativo subvencionado por el Estado, tal y como se pretende aplicar. De hecho, en un servicio público como es la educación, el derecho a elegir no debería existir. Primero porque no es posible que una Administración pueda garantizar todas las preferencias individuales; segundo, porque el dinero público no puede utilizarse para satisfacer los intereses personales, sino que debe servir para garantizar la igualdad del servicio para todos los ciudadanos y ciudadanas; y tercero, porque el derecho a elegir no es más que el privilegio de unos pocos que tienen la posibilidad de hacerlo, bien porque su dinero se lo permite (y pueden pagar un centro privado o privado concertado) o bien porque su situación social les permite tener acceso a mayor información, con lo que pueden buscar las estrategias adecuadas para matricular a sus hijos en el centro que deseen. Está perfectamente comprobado que, incluso en igualdad de condiciones económicas, las estrategias de elección son muy distintas según el nivel cultural y la situación social. Las clases populares priman más la proximidad y la convivencia con los amigos, vecinos y hermanos, mientras que las clases más ilustradas priman más la eficacia y el nivel social de los demás alumnos.

Así pues, la libertad de elección no es más que una estrategia para situar a la educación dentro del mercado y, como todo lo que funciona con las leyes del mercado, los efectos negativos recaen siempre sobre las clases más populares. Si esta libertad de elección está, además, subvencionada con dinero público (como sucede actualmente con los conciertos) nos encontramos delante de un sistema en el que el Estado, en vez de velar por la igualdad, favorece claramente al sector social más privilegiado y deja en manos del capital privado la posibilidad de obtener un doble beneficio: la venta del saber y el control directo de lo que se debe inculcar a los futuros trabajadores/as.

Apostar por el derecho a elegir centro es apostar claramente por la desigualdad en la educación. Para que pueda haber elección debe haber diferencia y ello implica automáticamente la existencia de centros mejores y centros peores. Mientras que el objetivo de una educación que busque la igualdad de oportunidades es justamente lo contrario, que las diferencias entre los centros escolares sean las mínimas y en todo caso, poner los recursos necesarios (económicos, humanos, de formación, etc.) para que los peores puedan mejorar. No es con la competitividad entre los centros educativos con lo que se va a elevar la calidad de la enseñanza, sino que es justamente lo contrario: el intercambio de experiencias, el trabajo en común, la participación de padres y madres, los recursos humanos y económicos necesarios, lo que puede elevar el nivel del “sistema educativo” global. 

EVALUACIÓN E INCENTIVOS

Las evaluaciones, y las nuevas reválidas, que propone el anteproyecto de la LOMCE tienen un espíritu altamente punitivo para el profesorado y terminan siendo una carrera de obstáculos para el alumnado. Por un lado, se devalúa el trabajo que realiza el profesorado y se cuestiona la evaluación del alumnado que todos y cada uno de los docentes realiza en su aula; del otro, se intentan vincular los resultados del alumnado a la promoción económica del profesorado. Finalmente, se pretende establecer rankings entre los centros. De este modo, aquellos centros que, beneficiados por la composición sociocultural de su alumnado obtengan unos buenos resultados, tendrán una gran demanda, lo cual los permitirá hacer una selección del alumnado en función de sus altas capacidades, lo cual, a su vez, repercutirá todavía más en los propios resultados. Por el contrario, aquellos centros con una población escolar marcada por la precariedad económica, los problemas sociales, y las carencias culturales, verán como sus mejores alumnos marcharán en busca de centros favorecidos por estos “rankings”, y verán, por lo tanto, degradada su situación hasta el punto de caer en un pozo educativo del cual es prácticamente imposible salir. Se trata, pues, de propiciar, por acción y omisión, las escuelas gueto, que tantas dificultades sufren con objeto de hacer efectiva la igualdad de oportunidades.

Es evidente que las evaluaciones son positivas y necesarias, pero siempre y cuando se evalúe para mejorar, no para clasificar o para penalizar.


LA EMPRESA DENTRO DE LA ESCUELA

Otro de los fenómenos crecientes es la penetración de las escuelas de negocios en los centros educativos. Un intento de colonización ideológica que pretenden las élites empresariales para domesticar educativamente sus futuros trabajadores y limpiar una imagen pública cuestionada.

En Cataluña ya se ha puesto en marcha el programa “Cataluña, escuela de emprendedores”, con el cual se pretende inculcar la “cultura emprendedora” en todas las etapas educativas, desde infantil hasta bachillerato y FP. Parece casi un chiste que, en medio de una crisis agobiante, con un paro que no cesa de crecer, cuando las empresas, sobre todo las pequeñas y medianas, tienen que cerrar estranguladas por la falta de crédito y de clientes provocada por un aumento de la pobreza, nuestra consejera de Enseñanza proponga que las escuelas se conviertan en una “fábrica de empresarios”. Y por otro lado tenemos la generación de jóvenes más bien formada de nuestra historia, pero con menos oportunidades. Muchos y muchas de nuestros jóvenes más bien preparados tienen que marchar fuera del país para poder salir adelante. ¿Porqué queremos formar más emprendedores si los que tenemos no tienen ningún tipo de posibilidad de salir adelante?

Otra forma de penetración de las empresas en la educación no universitaria son los convenios firmados con fundaciones que dependen de grandes empresas o grandes bancos. Un ejemplo es “Empieza por Educar” a la que se le permite hacerse cargo de la docencia directa en horario lectivo del alumnado de ESO “en condiciones desfavorecidas y con dificultades de aprendizaje” de los centros públicos que se acogen al programa.

Este convenio introduce la presencia en los centros de un profesorado, formado por la propia fundación,  que no cumple ninguno de los requisitos que se necesitan para impartir docencia en el sistema público. Pero además, esta fundación, que se presenta a si misma como “entidad sin afán de lucro”, está directamente relacionada con la banca y la especulación financiera y no con el mundo de la educación. Presidida por Patricia Botín y avalada por el Banco de Santander, La Caixa y otras fundaciones y empresas vinculadas al mundo de las finanzas, sus ejecutivos cuentan con una gran experiencia en empresas de consulting, inversiones y productos financieros (algunos de dudosa legalidad): desde Goldman Sachs hasta Coca Cola o Microsoft.

La fundación es una filial de la multinacional  “Teach for All” implantada con diferentes nombres en 13 países del mundo, desde los Estados Unidos hasta la India, pasando por América latina. En estas fundaciones participan bancos y empresas como JP Morgan, Morgan Stanley, el Deustche Bank...

Todo ello es un paso muy importante hacia la privatización de la enseñanza pública, una puerta abierta a las empresas o corporaciones multinacionales en nuestro sistema educativo y una invasión ideológica, claramente tendenciosa.

FLEXIBILIDAD LABORAL

Si el modelo paradigmático es la empresa privada, el funcionariado docente resulta un estorbo y un inconveniente. En efecto, a la empresa privada competitiva le es esencial disponer de unos trabajadores dóciles, polifacéticos, reconvertibles, fieles intérpretes del mandato gerencial, y nada asegura mejor esa disposición que la perpetua incertidumbre sobre la permanencia en el puesto de trabajo.

Hay, pues, una correlación que no es en absoluto accidental. Si la escuela pública se pone en cuestión, en su carácter de servicio público, regulado por el principio del interés general y no por las fluctuaciones de la oferta y la demanda, lo mismo debe hacerse con el funcionariado docente, pues éste constituye la columna vertebral de la institución que aún llamamos “escuela pública”. Por eso, la defensa del estatus funcionarial de los profesores de la escuela pública, no es simplemente una prioridad sindical, y menos aún, una “reivindicación corporativa”, sino la defensa de un pilar básico de la enseñanza como servicio público.

EN DEFENSA DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA

Frente a este ataque sin precedentes, la defensa de una educación pública es más necesaria que nunca. Esta defensa no puede quedar en manos solamente del profesorado, sino que toda la comunidad educativa y la sociedad en general deben implicarse, pues se trata de defender un derecho básico y un modelo educativo que ayude a avanzar hacia un modelo de sociedad más justa y más equitativa.

El sistema educativo no deba estar regido por las leyes del mercado, sino por principios de justicia y de equidad. La defensa de la educación pública pasa por la defensa de un modelo de educación basado en los principios de justicia y equidad, democracia y participación, igualdad de oportunidades y no segregación, derechos laborales y condiciones de trabajo dignas para el profesorado, inversión pública y recursos suficientes.

Defender la educación pública implica revertir la situación actual. La progresiva desaparición de los conciertos educativos es un objetivo básico: todo el dinero público debería destinarse a los centros de titularidad pública. Implica, también recuperar la gestión y organización democrática, revertir todos los recortes laborales y salariales, así como recuperar los recursos necesarios para atender al alumnado con más dificultades. La lucha por la educación pública, se enmarca, en definitiva, dentro de la lucha contra la privatización y los valores neoliberales.

LA EDUCACIÓN COMO DERECHO UNIVERSAL

La educación es un DERECHO. Esta afirmación está contemplada en la Declaración de los Derechos Humanos y también en nuestra Constitución. La educación no es, ni puede llegar a ser, una mercancía más dentro del mercado, ni una inversión para aquellos que se lo puedan permitir. La educación no es un lujo ni un privilegio, es un DERECHO.

Pero sólo la educación pública asegura este derecho universal. Un sistema educativo que da cobertura a todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas sin ningún tipo de distinción. Una educación en la que pueden acceder todos los niños y niñas que viven en nuestro país. Una educación que todas las personas podemos reclamar y reivindicar, justamente porque es un DERECHO, no un favor ni un regalo: todos los ciudadanos y ciudadanas pagamos nuestros impuestos y por ello tenemos el derecho a exigir esta educación que ya hemos financiado.

Sólo la educación pública es susceptible de ser reivindicada. Solo la educación pública da cobertura universal. Por eso es un pilar fundamental para cualquier sociedad democrática, para asegurar la igualdad de oportunidades y la cohesión social.

HETEROGENEIDAD Y DIVERSIDAD

La escuela es el ámbito de socialización más importante para todos los niños y niñas. Los futuros ciudadanos y ciudadanas deben socializarse dentro de la realidad en la que van a vivir el resto de su vida. Y la sociedad es diversa y heterogénea.

La heterogeneidad de la educación pública es un bien en si mismo. Facilita la relación con todo tipo de personas y este aprendizaje fomenta la socialización y el respeto, amplia el conocimiento más allá del ámbito concreto en el que vive la familia propia, el barrio, la cultura o la clase social.

La escuela pública acoge todas las culturas, clases sociales, ideologías, religiones, sexos y eso es una riqueza en el proceso de aprendizaje, tanto académico, como social. Las estadísticas demuestran que los sistemas educativos más heterogéneos obtienen mejores resultados académicos.

La diversidad en la escuela pública no está representada solamente por el alumnado y por las familias, sino que también el profesorado es diverso y heterogéneo. La pluralidad ideológica, religiosa, cultural y de clase dentro del profesorado asegura una pluralidad en las enseñanzas y ayuda a los alumnos y alumnas a una visión mucho más amplia y mucho más rica de todos aquellos saberes que se imparten. Esta pluralidad abarca también a los “estilos pedagógicos” que, gracias a la libertad de cátedra de los centros públicos, facilitan también el aprendizaje académico.

Esta diversidad sólo la puede asegurar la educación pública. El acceso (al menos hasta ahora) a la enseñanza pública hace posible que el criterio de selección sea imparcial y no segregador. Y, aunque se pueda y de deba mejorar, es un seguro de pluralidad. En los centros privados, normalmente pertenecientes a patronales religiosas o directamente vinculadas a una ideología y a una clase económica, no solamente seleccionan al alumnado, sino también al profesorado, que debe compartir los valores de las patronales. Todo ello implica que están mucho más cerca del adoctrinamiento y de una visión dogmática y sesgada de la realidad, lo que hace muy difícil un aprendizaje amplio y una visión real de la sociedad.

La educación pública, diversa y heterogénea, es la única que puede favorecer la cohesión social, la igualdad entre los sexos, la no discriminación por cuestiones de raza, origen cultural, religión o elección sexual. Sólo educando en la diversidad se puede acceder al respeto y valoración de la propia diversidad.

LAICIDAD

En un Estado no confesional, la religión debería estar totalmente fuera de las escuelas. Es del todo denunciable que, pasados más de 30 años desde la transición, no se hayan suprimido aún las clases de religión en los centros públicos. Pero, más allá de esto, lo más grave es que continúen financiando con dinero público centros de titularidad religiosa.

La apuesta por la educación pública implica una apuesta decidida por la laicidad en los centros educativos. La escuela laica es la única que hace posible la convivencia pacífica entre todos los alumnos, profesen la religión que profesen. No significa un modelo escolar en contra de nadie, sino a favor de una educación sin dogmas, en valores humanistas y universales, en la pluralidad y en el respeto a los derechos humanos, en la asunción de la diferencia y de la diversidad y en los valores éticos, no sexistas y democráticos. Es la escuela en la que se sienten cómodos tanto los no creyentes, como los creyentes de las diversas religiones o convicciones, donde no se estigmatiza o se segrega al alumnado en función de las creencias o las ideologías.

DEMOCRACIA Y PARTICIPACIÓN

Los centros educativos públicos se han caracterizado, al menos hasta ahora, por un funcionamiento democrático y participativo de todo el profesorado y del resto de la comunidad educativa, en el marco de los consejos escolares.

La educación es una acción colectiva y, por lo tanto, solo puede desarrollarse en unas condiciones de participación que hagan posible la toma de decisiones de forma democrática. A lo largo de todos estos años, antes de la avalancha neoliberal, fueron muchísimos los centros públicos que, a partir de su profesorado, hicieron posible muchos avances pedagógicos e innovaciones que mejoraron la educación.

Todo ello, sin embargo, se está resquebrajando, ya que todas las nuevas leyes educativas van en sentido contrario y fomentan la gestión piramidal de los centros públicos, con direcciones “profesionalizadas” con poder de tomar todas las decisiones y excluir al resto de la comunidad educativa.

La propuesta del anteproyecto de ley del PP ya contempla este tipo de gestión, profundizando en lo que ya aparecía en la LOE. Con ello se pierde la riqueza pedagógica y organizativa que pueden aportar todos y cada uno de los profesores y profesoras, que pasan a “cumplir órdenes” y a ser meros transmisores de los currículos oficiales y de las metodologías impuestas por la dirección.  Por otro lado, al dotar a las direcciones de más poder sobre el profesorado se abre una gran puerta a la arbitrariedad y a la sumisión. 

Si queremos educar a nuestro alumnado para vivir y participar en la sociedad de forma democrática, es evidente que no podemos hacerlo desde centros educativos no democráticos ni participativos.

TRANSPARENCIA Y CONDICIONES LABORALES

Con la escuela pública surge el funcionariado docente. Y esto responde a una filosofía política, a una determinada teoría del Estado. Lo que se pretende asegurar mediante el régimen funcionarial de los servidores del Estado, es su neutralidad política en el ejercicio de la función que a cada uno le corresponde. El funcionario accede a su empleo en virtud de un concurso público basado —como ahora tanto se repite— en los principios de mérito, capacidad y publicidad. Es decir, ocupa el puesto que ocupa por sus méritos, no por el favor de sus superiores. El acceso a su destino y la permanencia de su puesto están regulados reglamentariamente, así como el tipo de tareas que pueden encomendársele. Su salario tampoco depende de la arbitraria voluntad de sus superiores, sino que está, así mismo, tasado por la ley, en definitiva, por el Parlamento.

Todas estas características del estatus funcionarial no son “privilegios corporativos” —aunque ciertamente pueda hacerse un mal uso en ocasiones, que sería igualmente corregible en vía reglamentaria—, sino que configuran un estatus de seguridad, y de razonable independencia, para que el funcionario en definitiva sea pura y simplemente un instrumento de la ley.

El estatus funcionarial de los trabajadores del Estado es, pues, un componente básico del Estado de Derecho. El estatus funcionarial, en consecuencia, no protege tanto al funcionario frente a las posibles arbitrariedades de sus superiores, cuanto protege a los ciudadanos, dándoles garantía de ser tratados por los funcionarios servidores del Estado con ecuanimidad o neutralidad ideológica y política. Y a esa misma conclusión se llega si se quiere considerar el reverso de la autonomía propia del estatus funcionarial, esto es, el principio de responsabilidad de todos sus actos al que está sujeto todo funcionario, que puede ser sancionado e incluso separado del servicio por incumplimiento de las leyes y normas.

Pero, en estos momentos, estamos viendo como uno de los ataques más furibundos es, precisamente, contra el funcionariado. De hecho, los recortes están incidiendo de una manera escandalosa en las condiciones laborales del profesorado, que ha visto aumentar sus horas de trabajo, disminuir su salario y aumentar sus tareas, al mismo tiempo que están aumentando las diferencias entre el propio profesorado.

A consecuencia de las nuevas políticas sociales y educativas se está generando un fenómeno laboral a imagen del modelo de relaciones laborales que asola al resto del mundo laboral. La progresiva diferenciación de condiciones laborales; la separación entre categorías de funcionarios de carrera, interinos y sustitutos; los diferentes complementos por etapas y modelos de coordinación, la precarización del personal sustituto, complementos diferenciados de tutoría, complementos vinculados al incremento voluntario del horario lectivo, las propuestas de las direcciones, muchas de las cuales vinculadas a proyectos de autonomía; la pérdida de referentes políticos y sindicales; la constatación de una cierta “fractura generacional” dentro de algunos centros, con colectivos que asumen valores diferenciados, han propiciado una atomización del profesorado.

Esta atomización se traduce en un aumento de la individualización de las relaciones laborales, tanto respecto a la administración, como a las direcciones y en los claustros, lo cual, a su vez, dificulta la circulación de información y propicia una cierta pasividad respecto a las agresiones comunes que sufren los enseñantes. O peor todavía, parece poder acabar con una cierta cultura solidaria y de pertenencia colectiva.

De hecho, esta atomización ha comportado menos vida comunitaria en las salas de profesores, en los claustros y en los departamentos. La diferencia creciente de condiciones laborales tiene como daños colaterales, reales o posibles, una diferencia en el grado de implicación, tanto educativa, como emocional, laboral y sindical.

RECORTES Y NUEVA PROPUESTA DE LEY

Con la crisis como excusa, los recortes en educación, al igual que los recortes en los demás servicios públicos, están siendo terriblemente agresivos y afectan gravemente a los sectores más vulnerables de la comunidad educativa: profesorado interino y substituto, alumnado con más dificultades y familias con menos recursos  económicos. Pero, además, como se está comprobando, son totalmente inútiles para salir de la crisis o paliar el déficit público.

Pero lo que sí se está consiguiendo es desmantelar la educación pública, que, en realidad, es su verdadero objetivo. Los centros educativos públicos están pasando su peor momento, con aulas masificadas, clases sin profesores porque no llegan los substitutos/as hasta pasados 10 días, miles de docentes en la calle sin trabajo, el profesorado obligado a trabajar más y cobrar menos, padres y madres que no pueden pagar las guarderías, niños y niñas sin comedor escolar i jóvenes con dificultades para pagar las nuevas tasas de las universidades y también de la FP.  Pero, además, los recortes se centran de manera muy especial en todos aquellos programas que iban destinados al alumnado con mayores dificultades: programa PROA, destinado a refuerzo escolar para alumnado con problemas de aprendizaje, o la educación compensatoria, por poner algunos ejemplos.
Pero no son sólo los recortes, está ya en marcha un nuevo anteproyecto de ley (LOMCE) con propuestas altamente preocupantes, algunas terriblemente retrógradas, como las antiguas reválidas estatales y el cuerpo de directores, que nos retrotraen a tiempos predemocráticos.

Las propuestas persiguen una re-centralización  y un mayor control del Estado con respecto a las autonomías, son segregadoras para el alumnado y proponen la desaparición total de la democracia en el funcionamiento de los centros.

La reducción, en un 10%, de la parte del temario escolar que deciden las autonomías, más las nuevas evaluaciones y reválidas estatales, no parece que sean medidas pedagógicas que ayudarán a disminuir el fracaso escolar, más bien es un intento de mayor control de los contenidos por parte del Ministerio.

Las dos reválidas al finalizar 4º de ESO, distintas para el alumnado que ha cursado el itinerario de FP o el de Bachillerato, implican  crear dos títulos diferenciados que dan acceso a dos tipologías de estudios, lo que no ayuda en absoluto a la necesidad de abrir el sistema educativo y que sea más fácil transitar entre distintas opciones post-obligatorias. Parece, más bien, que los alumnos/as que opten por la reválida de FP tendrán mucho más difícil acceder a un Bachillerato o a un ciclo de FP superior, lo que aumenta la fractura educativa. Y añadir otra reválida al finalizar el bachillerato, además de las pruebas que cada universidad tiene la competencia de hacer, implica también aumentar las dificultades para acceder a los estudios universitarios.

Se crea también un nuevo ciclo de FP, la Formación Profesional Básica, a la que el alumnado podrá acceder con 15 años y que no dará opción a obtener el Graduado en ESO. Esta medida abre la puerta a la marginación de cierto sector del alumnado con dificultades, al que el sistema educativo no sabe dar respuesta y opta por la vía fácil, la de mantenerlo con un subtítulo inferior a una Educación obligatoria y echarlo del sistema a los 16 años sin posibilidad factible de volver a entrar. En vez de apostar por recursos que permitan atender a este alumnado con más dificultades, se da un paso atrás de gigante al desmantelar la universalidad y la homogeneidad de la educación básica obligatoria hasta los 16 años.

Finalmente, el anteproyecto también anula la potestad que hasta ahora tenían los consejos escolares para «aprobar y evaluar el proyecto educativo y el proyecto de gestión, así como las normas de organización y funcionamiento de los centros» y, al mismo tiempo, se aumenta la profesionalización de las direcciones y se dota de más recursos a los centros que propongan proyectos de mejora. Se consolida así un modelo de gestión totalmente piramidal y se estimula la creación de centros públicos de  distintas “categorías”, estimulando la competitividad dentro de la red de centros públicos.

En definitiva, un modelo de educación cada vez más neoliberal y más segregador, menos participativo y más autoritario. Una contrarreforma que no contempla medidas  pedagógicas contra el fracaso escolar o el abandono prematuro. Unos cambios que, junto a todos los recortes, no harán más que aumentar las desigualdades educativas.

Hay que decir, también, que muchas de las propuestas de este nuevo proyecto de Ley del PP están ya implantadas en Cataluña, donde un gobierno, presuntamente de izquierdas, aprobó en 2009 la Llei d’Educació de Catalunya (LEC), guiada totalmente por los principios neoliberales en educación.  

LUCHAS, MOVILIZACIONES Y RESISTENCIA

Frente a toda esta situación, el profesorado, los padres y madres, los estudiantes y la sociedad en general se ha organizado y, cada vez más, hay un sinfín de protestas y movilizaciones, a lo largo y ancho de todo el Estado, para defender conjuntamente una educación pública de cualidad y los recursos necesarios para poder hacerla realidad. Es muy importante que las protestas hayan superado el ámbito propiamente laboral del profesorado y se hayan insertado en la demanda ciudadana de un servicio público básico como es la educación.

En estos tiempos de ataque feroz a todos los derechos sociales y laborales, que tantos esfuerzos costó conseguir, es más importante que nunca, divulgar la información y ampliar la conciencia de todo lo que significa este intento de desmantelar la educación pública y acabar con un modelo educativo público, democrático, laico, de acceso universal y de compensación de desigualdades. Nos estamos jugando el futuro de nuestra sociedad.

Es imprescindible revertir esta situación y volver a conquistar el derecho a una educación que haga posible la equidad social y una formación humana, técnica y profesional para todos los futuros ciudadanos y ciudadanas. Es imprescindible dotar a nuestros jóvenes de todas las herramientas necesarias, no sólo para su futuro profesional y laboral, sino también, para que sean capaces de analizar, participar y mejorar la sociedad.

Y para ello hace falta librar esta lucha en todos los ámbitos. Dentro del centro es importante recuperar el funcionamiento democrático y participativo, con decisiones conjuntas, tanto a nivel pedagógico, organizativo como reivindicativo. Hay que recuperar las asambleas, los claustros informativos con poder de decisión, las luchas conjuntas y la desobediencia pasiva si ello hace falta. Es preciso, también, recuperar la solidaridad entre el profesorado como colectivo, tanto dentro como fuera del centro, huyendo de la competitividad en la que quieren instalarnos. Es importante la defensa de los derechos de todo el alumnado y de todo el profesorado, en especial de los más vulnerables. Finalmente, es importante consolidar la participación de toda la comunidad educativa: asambleas, charlas, movilizaciones conjuntas con el alumnado, padres y madres, profesorado, trabajadores laborales.

Es necesario, también, consolidar alianzas entre los centros de un mismo municipio, barrio o localidad, y entre los centros educativos y el resto de organizaciones: asambleas, asociaciones de vecinos, padres y madres, etc. Es un buen momento para organizar acciones y movilizaciones conjuntas, jornadas educativas, jornadas reivindicativas, etc.

Finalmente, es importante situar la reivindicación de un determinado modelo de educación pública dentro de las reivindicaciones más globales, tanto por la defensa de todos los servicios públicos, como por la defensa de los derechos de todos los trabajadores y trabajadoras, contra la precariedad laboral y el empeoramiento de las condiciones laborales: huelgas generales, movilizaciones del 15M, convocatorias de sindicatos, etc.

Hay que dejar bien claro que no se trata solamente de la defensa de más recursos, sino también, de la defensa de un modelo de educación que se aleje del paradigma neoliberal. No es suficiente ganar la batalla de los recursos, es necesario también ganar la batalla  de las ideas.

Se trata de recuperar unos presupuestos que hagan posible un buen funcionamiento de los centros públicos y unas condiciones dignas para el trabajo docente, pero se trata, también de recuperar la organización democrática, la revalorización de la escuela pública por encima la privada, con la desaparición progresiva de los conciertos educativos. Se trata también de construir una educación que pueda dar una formación integral, académica, técnica y ética, que promocione la cooperación y la solidaridad, el gusto por el estudio y la cultura, y la capacidad de analizar críticamente los fenómenos sociales y actuar en beneficio de la equidad, la no discriminación, la no violencia, el respeto a todas las culturas y la preocupación por el medio ambiente.

Nunca debemos olvidar que la escuela es tanto un espacio de transmisión de la ideología dominante, como un espacio de resistencia y confrontación, y que en ella se reflejan no solo los valores de los grupos hegemónicos sino también las prácticas de los grupos subordinados. Que las escuelas y los centros educativos, en general, gozan de una autonomía ciertamente relativa, pero que les permite dejar de ser fieles servidores de los grupos dominantes y trabajar por valores, contenidos y objetivos alternativos.

Debemos recuperar algunos de los postulados que nos dejaron los autores de la pedagogía crítica y de la resistencia (Paulo Freire, Henry Giroux, Stanley Aronowitz, Michael Apple, Paul Willis y Peter Mc. Laren), y no olvidar que “Cualquier práctica pedagógica genuina exige un compromiso con la transformación social en solidaridad con los grupos subordinados y marginados” (Mc Laren, 1984; 198).

En definitiva, no debemos permitir que se consolide una educación al servicio de las empresas y mucho menos  que las empresas dicten lo que se tiene que enseñar en las aulas. No debemos permitir que se implanten objetivos y valores tan descaradamente al servicio de la ideología más neoliberal que es, precisamente, la que nos ha llevado a la actual crisis, a la desigualdad, a la pobreza y a la falta de democracia. Es preciso que el profesorado recupere su verdadera autoridad y eduque a nuestros niños y niñas, chicos y chicas, en un sistema de valores que les ayude a vivir con dignidad y a mejorar esta sociedad, cada vez más injusta y más desigual. Hace falta, también, que se rechace de manera contundente cualquier intento de privatizar la educación pública y luchar por recuperar unos presupuestos que permitan ofrecer a todos los alumnos y alumnas una educación de cualidad, ideológica y democrática, para que puedan afrontar su futuro y cambiarlo si es necesario.